¿Es un golpe de Estado lo que ha pasado con Evo Morales en Bolivia?

Policiaca
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+Cuatro expertos de Agenda Pública explican cuáles son las características que normalmente reviste una interrupción del orden constitucional, y si este caso puede calificarse así

Ciudad de México.-

Tras la renuncia de Evo Morales a la presidencia de Bolivia, este domingo, cuatro expertos de Agenda Pública explican para EL PAÍS si la “invitación” de las fuerzas armadas al mandatario para que abandonase el poder puede calificarse de golpe de Estado. Dos de ellos lo consideran tal, mientras el resto de los especialistas matizan: aunque se dan elementos inherentes a un golpe, se trata de una coyuntura especial, marcada por el restablecimiento de un orden previamente vulnerado.

Un golpe de Estado es la interrupción inconstitucional de un jefe de Gobierno por parte de otro agente estatal. En el reciente caso de Bolivia, los tres elementos están presentes: el mandato del presidente fue interrumpido, el procedimiento fue inconstitucional (no hubo destitución parlamentaria sino renuncia forzada por una “sugerencia”) y las fuerzas armadas fueron las que definieron el desenlace. Un golpe de Estado no necesariamente deriva en un cambio de régimen. No todos los golpes tienen la misma ideología: los hay de izquierda y de derecha. Las interpretaciones tampoco son homogéneas: hay golpes universalmente repudiados, como el de Augusto Pinochet en 1973, y otros universalmente celebrados, como la llamada Revolución de los Claveles que puso fin al autoritarismo en Portugal. La intensidad de la violencia y el tipo de régimen que lo sucede determina cómo será recordado un golpe. En el caso boliviano, solo la administración incruenta de la protesta callejera y la restauración urgente de la democracia disiparán los temores de que América Latina esté regresando a sus tiempos más oscuros.

No fue golpe. Desde el día 20 de octubre, el pueblo boliviano quedó inmerso en la incertidumbre debido al curso tomado por el proceso electoral. Gran parte de esa incertidumbre es atribuible a la sistemática acción del Gobierno por controlar las instituciones, afectando al Tribunal Supremo Electoral (TSE). Ante las evidencias de fraude, la población se movilizó pacíficamente desde el 21 de octubre, con el riesgo de arrastrar a grupos conservadores con pretensiones de convertirse en protagonistas del movimiento ciudadano. El domingo 10, la Organización de Estados Americanos (OEA), convocada por el Gobierno a auditar las elecciones, dio su informe señalando irregularidades en las elecciones. Se generó desorden, agravado por un motín policial que fue visto por la población no solo como una tregua en los enfrentamientos, sino como una expresión de solidaridad con la demanda por el respeto al voto. En ningún caso eso puede llamarse golpe de Estado. En este momento, grupos organizados del MAS (Movimiento al Socialismo, presidido por Evo Morales) asedian varias poblaciones, especialmente la ciudad de La Paz, incluyendo sus zonas populares. La pretensión es mostrar al mundo que Bolivia está dividida y que Morales, después de renunciar públicamente como presidente, retome el poder, para pacificar al país.

 

 

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